Filosofia del hombre común
Como que la filosofía del hombre común no es el amor a la sabiduría del mediocre ni la del filósofo consagrado, sino de gente de todos los días como yo, que pensamos sobre la base de lo que sabemos y en vez del límites del conocimiento de la humanidad nos limitamos al de nuestras informaciones individuales, entonces empezaré a introducir este libro contando algunas anécdotas personales o familiares. Los personajes que mencionaré aquí desnudando sus pensamientos, en ocasiones, son objeto de mi veneración, así que no hay ninguna burla ni menoscabo de la valía que tienen para mí.
Mamá Vieja, mi abuela materna, venía de clase media, que sería en el contexto moderno del país donde vivo, la clase pobre alta. Sería por este origen social que en la casa donde nos criamos había un libro de tamaño bastante grande, al menos así lo recuerdo, que se titulaba Salud y vigor por la alimentación. También había una Biblia y algunas revistas viejas y las Bohemia de todos los de mi país ¡Mamá Vieja leía! Cosa rara en aquellos parajes entre montañas y lomas donde fuimos a parar cuando yo tenía cinco años allá por el 1959.
Los otros que leían en Puriales de Caujerí eran el Pastor de la iglesia evangélica, los dos farmacéuticos y el fotógrafo. Cada uno de ellos, que no eran grandes sabios comparados con los que se mencionan constantemente cuando de este tema se habla, filosofaba, a su manera y a la manera con que yo quiero definir la filosofía del hombre común.
Todavía se oían las voces del primer Sputnik y más se hablaba porque Yuri Gagarin había volado al espacio. Con las "amenazas" de que los americanos iban para la luna mi abuela empezó a dar su visión del astro. Para ella era mentira de que el hombre se posaría en el satélite de la Tierra. Decía que la luna era muy pequeñita, y argumentaba que si se ponía un candil en lo alto de la sala la iluminaba por completo y por eso la luna daba luz a todo el mundo, porque no era el tamaño sino a la altura en que estaba.
Uno de los farmacéuticos sorprendió a todo el poblado un día con un mango gigantesco cosechado en el patio de su casa. La admiración de los campesinos por el sabio hombre creció. Desde ese momento se conoció a la variedad de esta fruta como injerto aguacate. Él explicaba que había puesto una semilla de aguacate arriba de la del mango, de una variedad conocida y que no era grande, que el brote atravesó a la de aguacate y que por eso este fruto surgió tan extraordinario.
El fotógrafo, uno de los personajes que más habían leído en Puriales, un día me explicó, cuando yo era aun muy niño, que los átomos eran muy pequeños, tan pequeños que no se podían ver ni con el más potente microscopio. Pero luego se quedó reflexionando y me dijo que en ocasiones muy especiales las personas solían mirar y en los ojos veían unas pequeñas burbujas que pasaban y esos eran átomos.
Mi abuela, el farmacéutico y el fotógrafo estaban en esa época pensando de acuerdo con la filosofía del hombre común. Sus límites de la sabiduría no era obstáculo para especular sobre las cosas desconocidas. Aunque mamá Vieja se equivocaba en la posibilidad de que el hombre llegaría al a luna y en el mismo tamaño del satélite tenía razón de que por la distancia en que estaba de la Tierra esta iluminaba un gran espacio. Ella no había estudiado física y mucho menos óptica. El mango cuya semilla había sido tomada de una variedad común en nuestro pueblo habría sufrido alguna mutación pero él la relacionó con la cercanía a la semilla de aguacate. Nadie sabe lo que pasó pero en Puriales hubo a partir de ahí un nuevo mango, el más grande, y por cierto, muy sabroso. Tardó mucho tiempo para que yo pudiera saber que eso que pasaba en la vista no eran átomos sino pequeñas partículas macro atómicas que en cierta etapa de la vida se podían ver volando frente a los ojos. Fue precisamente cuando yo tenía la edad de mi amigo el fotógrafo que empecé a ver "átomos" volando frente a mi vista. Para ese entonces conocía las verdaderas causas fisiológicas.
¿Quiero decir yo, que la filosofía del hombre común es tarea de la ignorancia? Bueno... si filosofar se trata de explicar lo que está más allá del límite de lo que se conoce entonces sí. Lo que sucede es que los encumbrados filósofos elaboran sus tesis a partir de saber qué sabe la humanidad a través de la ciencia hasta ese momento sobre el objeto de su elucubraciones. Se trata de gente muy sabia que conocen los nombres de los filósofos alemanes hasta el primer griego que empezó a pensar. Pero los hombres comunes hacen sus elucubraciones desde el límite de su sabiduría. Ambos filosofan dentro del contexto de su ignorancia. Sus diferencias son cuantitativas y sus semejanzas cualitativas.
Vista de esta manera la filosofía, entonces la humanidad entera filosofa, es como decía un escritor que leí hace algún tiempo acerca del hablar, después de ver que aun las tribus más apartadas y aisladas tenían su idioma: el lenguaje es un reflejo. Para mí la filosofía es característica innata del ser humano; parte inseparable de su humanidad.
Me declaro filósofo común, como mi abuela, el farmacéutico y el fotógrafo de mi terruño. No espere el lector el sofisticado libro del hombre sabio que ha leído a los grandes, ni que ha estado en conferencias de este tipo en importantes universidades. Mis tesis son la elucubraciones que parten de la necesidad de darle una explicación a las cosas que me preocupan a partir de la mirada a lo que dicen y hacen las personas comunes, ahora desde plataformas mundiales. A los filósofos que hacen la filosofía de elite mis respetos. Algún día podré leer a los griegos, chinos y europeos con profundidad, si Dios me da vida suficiente y algunas monedas para poder quitarme algunas horas del trabajo embrutecedor del día a día para ganarme el pan.

